viernes, 26 de septiembre de 2008

El pollo catastrofista

La verdad es que ahora me río, maldito pollo, jajaja. En fin, voy a situaros un poco. El miercoles se me plantó en casa una amiga con un pollo asado para comer conmigo. Me comí el pollo y bueno, intenté no darle más vueltas, solo era pollo y solo un día... Pero el catastrofismo vino por la noche, el pollo seguía en mi nevera, o lo que había quedado, y yo venía con 2 cervezas encima (para mi suficiente) tras salir con mis amigos y haber esquivado la pizza que habían pedido. Pues nada, llegué a casa y terminé escribiendo lo siguiente, bueno, he tenido que hacer algunas correcciónes, porque la verdad es que no andaba yo muy fina escribiendo, jajaja (advertencia, hay cosas sin mucho sentido, repito, 2 cervezas son suficientes para mi):
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'Ya no sé que será, sé lo que debería saber, y no comprendo lo que debería comprender. Ya no sé muchas cosas, no me importa, dentro de menos de diez minutos habré vomitado el pollo asqueroso que me acabo de comer a trompicones, y ya da igual. Hoy sería bonito haber llegado acompañada a casa, haber llegado y meterme en una camiseta cualquiera de andar por casa y haberme metido directamente en la cama, acurrucada entre los brazos de alguien, hoy eso hubiera sido perfecto. Pero no lo es, seamos realista, nunca lo será, y no importa, sé lo que debería saber y nunca comprenderé lo que debería comprender, ya nada importa más de lo que importaba, el pasado solo es una historia que nadie entiende, que nadie ha escuchado , y el dolor, o la esperanza se quedaron demasiado atrás, atrás de todo lo que quise, atrás de lo que esperé, ya no me importa, ya me da igual, ya solo espero que se arregle, no sé como, ni cuando, ni por qué, importa? importa de verdad? No, dentro de menos de tres minutos habré vomitado el asqueroso pollo que me acabo de tragar sin ni siquiera saborear un solo pedazo de él, el asqueroso pollo que voy a vomitar, importa??? No, no importa nada, solo ya está, dentro de dos minutos habrá empezado, dentro de menos de 20 estaré ya en la cama con el alcohol aún en mis venas, con el dolor en todo mi ser, con el fracaso en mi misma, con la alegría de la gente que tengo, sabiendo, ante todo que no puedo ser perfecta, ese es mi problema, nunca lo voy a ser, eso es, no lo seré.

Daría cualquier cosa por no tener que vomitar ahora, cualquier cosa por quitar esta mierda de mi estomago, pero no hay opción, solo me queda hacerlo, que puto remedio? Que puto remedio, no? No tengo otra, quitarlo, quitarlo y punto, no hay otra, fuera, fuera de mi, ya!!!!'

miércoles, 17 de septiembre de 2008

'Caminate, no hay camino'


Caminante son tus huellas
El camino nada más;
caminante no hay camino
se hace camino al andar.
Al andar se hace camino
y al volver la vista atrás
se ve la senda que nunca
se ha de volver a pisar.
Caminante, no hay camino
sino estelas sobre el mar.
¿Para que llamar caminos
A los surcos del azar...?
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Antonio Machado
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Llegó tembloroso y dubitativo.
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Este día quedará grabado en mi mundo como el día en que decidí abrir la primera puerta. Aún queda todo el camino, aún me quedan por abrir muchas más antes de saborear la libertad, la verdadera libertad que supone abandonar mi enfermedad (lo digo claro, aunque cueste, mi enfermedad, debo obligarme a asimilarlo con todas las letras), pero he dado el primer paso y con él han venido todas las dudas y los miedos ante lo que vendrá, con él la eterna pregunta ¿sabré caminarlo? Sin saber si me quedaré parada en algún punto del sendero, sin saber si entremedias querré volver atrás o parar en seco.

No me prometo nada, solo intentarlo.

Hoy tengo 47.2 kg de incertidumbres, de sentimientos encontrados, lágrimas que se me escapan después de mucho tiempo, y no sabría decir exactamente cuál de todos mis sentimientos las provoca, probablemente todos a la vez.

Hoy me siento más ligera que nunca, no tanto quizás como cuando pesaba 59 kg de autoestima y seguridad, no tanto porque el silencio pesa más de lo que nadie puede imaginar, pero hoy, hoy soy más liviana de lo que he sido en los últimos cinco años y medio.

Gracias.

Hoy mis labios han pronunciado palabras que hasta ahora solo había escrito, palabras que tenían demasiadas ganas de salir y demasiado miedo a que fueran reprochadas, pero ha sido más fácil que todo eso, ha sido mucho más sencillo.

Gracias.

Y me comían los nervios, no lo niego, y me temblaba algo el cuerpo, pero hoy me siento más segura, más segura de lo que deseo aunque no comprenda aún del todo lo que implica.

Pero paso a paso, paso a paso, no necesito correr, me basta por el momento con no huir. Paso a paso.

Con sus curvas, con sus agujeros, con sus altiplanos. Paso a paso: no tengo nada que perder.

Gracias.

martes, 2 de septiembre de 2008

CECILIA SCOMPARSA (Cecilia desaparecida)

Buscaba la esperanza detrás de cada esquina, la suerte debajo de cada piedra y solo encontraba rincones en los que abandonar sus suspiros, lugares en el mundo para aceptar su pequeño desastre.

Iluminaba la calle con su mirada de niña perdida y destruía las ciudades con sus rabietas imprevistas, deseaba una caricia arrastrándose dulcemente por su alma o el aroma embriagador de la ternura arrollando sus sentidos, imaginaba de la más inocente manera el amor sincero, pero asomada a las ventanas de la realidad comenzaba a vislumbrar las verdades que la constituían.

El silencio, su más fiel compañero, defendía su vida secreta de la envidia de los seres que la rodeaban o de las burlas desdeñosas. Desconsolada caminaba zigzagueando por las calles frías, con un sentimiento áspero alimentándose de la soledad más absoluta. Engullida en la nada oscura se retiraba al único lugar que contenía aún un atisbo de la vida que alguna vez había querido. Allí, entre las fotos antiguas y los volátiles recuerdos, se acurrucaba, rodeada de las migajas esparcidas de la propia felicidad se alejaba poco a poco de un universo que ya no le correspondía.

Pasaban las horas en aquel hueco sombrío, reafirmándose en su inexistencia, dejando que la gélida piedra la engullese, sin decir una sola palabra, sin sentir ya nada, hasta olvidarlo todo.

Ya con la piel de color ceniza y arrugada, y el pelo canoso cubriendo unos ojos ciegos, el tiempo quiso darle una última oportunidad, la dejó en el fin del mundo y le permitió contemplarlo desde lo más alto, allí, apenas sustentada por su cuerpo de ultratumba permaneció inmóvil intentado encontrar el sonido de la humanidad, pero solo pudo oír los gritos del mal. Aturdida, en un postrimero esfuerzo, buscó la esperanza detrás de cada esquina y la suerte bajo cada piedra, y solo halló antiguos suspiros contaminados de sentimientos absurdos. En una inhalación final cayó exhausta en la cima del mundo, llenando todo su vacío con el veneno más puro.
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Finalmente la muerte la tomó en su regazo. Observando a aquella criatura en toda su belleza decrepita retiró delicadamente los cabellos de su frente y se inclinó hacia ella para besarla.
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Sobrevoló la vida, la despidió sin rencor ni ira, libre ya de sus tormentos supo perdonarse a si misma.
...
...
¿Seremos nosotros capaces de perdonarnos algún día?
¿Seremos capaces de dejar desaparecer el castigo que nos impusimos?