lunes, 29 de diciembre de 2008

El arduo arte de hablar.


‘Amapola’ digo,
porque soy la flor que no se ser,
tu algo y mi nada,
la dulce frase marchita
atrapada en mis labios,
escrita en el rostro pálido
con su jerga incomprendida.
.
‘Amapola’, ‘Amapola’, río
entre aspavientos ridículos;
soy la invisible sombra
camuflada entre las líneas torcidas
que no puedes terminar de leer;
que me muero en las agujas del reloj,
en el tic-tac simple de la vida
que ni logro seguir ni sigo.
.
Pero, ‘Amapola’, me disculpo
en un postrimero intento baldío
con un ramo imperfecto de palabras
(fajo de sentimientos revueltos).
Y el impulso inesperado me empuja
a cerrar mi mundo y sus puertas,
a proteger (inútil esfuerzo)
tus ojos vítreos que observan
de las perlas que caen de los míos.
.
‘Amapola’, recito (nuevo intento),
en este teatrillo pobre de incertidumbres
es flor sangrante en el frío invierno.
No has visto nada de los días venideros,
son noches tardías, tardes de hastío,
quizás colmadas cumbres de silencios
mitad tuyos y mitad míos.
.
Mis anhelos congelados en los segundos,
en los segundos a la espera del destino
cambiante en los osados pasos
hacia la torre temida de babel,
allá donde quizás, algún día,
‘Amapola ’, puedas comprender,
con todo el dolor del fierro en tu piel
esta lengua de acertijos que hablo
entre sonrisas a media asta
y esas preguntas difíciles que atajo.
.
Y, entre mis verdades y tu sentir
-‘Amapola’ repito-,
la duda feroz asalta con miedo
¿ tenderás tu mano para que cure
todo lo que ellas puedan herir?