jueves, 2 de octubre de 2008

Dudo, pero sigo sintiendo lo mismo


Me he pasado tanto tiempo intentando aceptar que soy una mierda, que no valgo nada, he intentado aceptar que no puedo ser lo que quiero, el propio fracaso, me he pasado todo este tiempo aceptando que no podía ser más, creyendo que solo me quedaba aceptarme y que si lo hacía conseguiría arreglar las cosas. No, nunca se me ha pasado por la cabeza que puede que no sea el último mono, que puede que no sea la última basura de este mundo, eso no, solo intentaba aceptar a la porquería esa que se reflejaba en el espejo.
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Aceptando que no puedo ser nada, aceptando que la única lucha que me quedaba por librar era aquella que me permitiría ser lo último que me quedaba, ser delgada, ese adjetivo y la lucha por conseguirlo, sólo sintiéndome aún más mierda.
Siempre he tenido la firme creencia de que el problema no yacía en verme o no verme, sino en que jamás aceptaría el horror que refleja el espejo y que si quería superarlo sólo me restaba eso, la aceptación.
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A veces he tenido la intuición de no ver lo que ven lo demás, de no ver del todo la realidad, pero en el sentido más superficial, en lo referente a la gordura, porque ahora peso menos y me veo igual o peor, porque ahora peso 200 gramos más que ayer y me siento enorme, gigante, obesa, asquerosa, fracasada, jodidamente inútil… Y la lógica me dice que eso no puede ser, pero por lo demás, por lo demás nunca he pensado en estar equivocada. Siempre convencida de que todo el mundo es mejor que yo, de que todo el mundo merece más que yo, y que solo puedo resignarme, aceptar mi realidad con la máxima dignidad posible, siempre callada, con la cabeza alta, firme, como el que es condenado, y con valor, todo el valor que puedo tener, aceptar esa condena, como sabiendo que la merezco.
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No, en escasas ocasiones mi voz se ha quejado, eso también me resulta de débiles, no deseaba parecer la víctima de nadie, incluso diría que algunos me creyeron altiva, quizás hasta llegar a confundir mi intento de integridad con una actitud engreída, no lo era, el auto desprecio gratuito y público me parece innecesario, evitándolo para evitar llamar la atención o ganarme el desprecio de quienes pueden confundir mis pensamientos de auto repulsión como fingidos o dirigidos únicamente con la idea de llamar la atención.

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Quizás he preferido callar por miedo a ser malinterpretada o acusada, pero la verdad, no hablo para buscar compasión, no necesito que me salven, no quiero que nadie venga a contarme que no soy la mierda que siento que soy, no quiero que alguien que no entiende nada de esto venga a decirme que tengo que sentirme mejor.
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Hoy me he dado cuenta de que tengo que arreglar aún más cosas de las que creía, lo natural para mí puede que no deba serlo, quizás tenga demasiadas malas costumbres, mis pensamientos sobre mi misma van siempre dirigidos en la misma dirección.
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Todos me parecen perfectos, a su manera, no paro de mirar a la gente, de observarla, y la lógica me dice que juego sucio, que las reglas las aplico a mi manera, que las reglas las aplico pero yo siempre me excluyo de ellas, y quizás la que sea pregunta del millón: ¿No me veo? ¿No veo la realidad?

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